MARÍA SANTA

Belgrano y el Cannabis

María Santa por María Belén Musacchio:

El Cannabis en la historia Argentina

Y si … Nuestra patria también es Cannábica. Hoy damos vida en esta columna a uno de los revolucionarios de la historia Argentina. Un hombre que desde sus orígenes viene sembrando fonéticamente semillas, quien porta en su apellido un gran elogio a los agricultores, Manuel Belgrano (Bel – Grano).

A finales del siglo 18 llamó a una planta, la plata del futuro, pronosticando lo que hoy estamos viviendo. Fue uno de los primeros activistas de planta que es la estrella de nuestro relato: el Cannabis.

No se sabe acerca de si Manuel hacía uso recreativo del Cannabis, pero si se sabe que encontró en ella las cualidades necesarias para proponer que se la utilice dentro de proyecto político para fortalecer a nuestro país, y mejorarlo en múltiples aspectos.

Belgrano observó la importancia del cultivo del cáñamo mientras estuvo en España entre los años 1786 y 1793, cuando estudió Derecho en la Universidad de Valladolid. Allí también conoció las ideas del fisiócrata François Quesnay, quien sostenía que la agricultura era la forma que tenían las naciones para generar su riqueza. Quiso promover esas ideas cuando volvió al Virreinato y comenzó a ser secretario de la Corona en el Consulado de Comercio de Buenos Aires.

Belgrano cita una ley de 1545 que dice “encargar a los Virreyes y gobernadores que hagan sembrar y beneficiar en las Indias, Lino y Cáñamo, y procuren que los Indios se apliquen a esta Granjería”. En efecto, la recopilación de las leyes de las Indias, indica que para 1545, mucho antes de que Inglaterra o Francia previeron la importación masiva de fibra de cáñamo desde sus colonias, los funcionarios en las colonias españolas recibieron órdenes de fomentar el cultivo del cáñamo.

Durante los años que ocupó el cargo de secretario entre 1795 y 1809 Belgrano escribió 15 memorias de las cuales solo se conocen cinco.

La primera la hizo en 1796, Belgrano escribe unos consejos para mejorar la agricultura, entre estos redacta el artículo “Utilidades que resultarán a esta Provincia y a la Península del cultivo del lino y el cáñamo, modos de hacerlo”

Allí da sugerencias para quienes quieran apostar al Cannabis como negocio. Y resalta: “Son increíbles los beneficios que proporciona a un país un nuevo cultivo provechoso”.

Para aquel entonces en Europa y Asia ya se utilizaban las fibras del Cannabis para realizar telas y otros productos de gran resistencia, como para la navegación, la resistencia de sus, fibras era única y lo sigue siendo, el éxito en estos continentes fue rotundo, y recordemos que lejos estaba el involucrar el dote psicoactivo del THC en este uso dentro de nuestro país.

Entre 1799 y 1812, Belgrano abrió las escuelas de Dibujo, Matemáticas, Agricultura y Náutica. Su proyecto contenía la idea de fortalecer la educación pública fundada sobre la base del conocimiento. Para las últimas dos escuelas mencionadas el cultivo de cáñamo era indispensable. Belgrano quería que el Virreinato -y luego la flamante Nación- tuviera sus propios buques mercantes, y esos barcos precisaban de la fibra del cáñamo. El prócer fundó la Escuela de Náutica con el objetivo de formar la industria naviera y tener barcos propios. No sólo se necesitaba formar pilotos; también, fabricar los materiales indispensables para que un barco navegara. En ese sentido, el uso aplicado en la industria naval era el de mayor rendimiento a nivel económico que se le podía dar a la fibra.

Esta misma fibra era de calidad para la fabricación de lienzos y ropas tan resistentes como las velas de barcos.

Este futuro era un horizonte laboral no solo para el país, sino que en particular para las mujeres. En el Cannabis, justamente, veía una salida dignificante e igualitaria, “un recurso para que trabajen tantos infelices, y principalmente el sexo femenino. Sexo, en este país, desgraciado, expuesto a la miseria y desnudez, a los horrores del hambre y estragos de las enfermedades (…) expuestos a la prostitución (…) a tener que andar mendigando de puerta en puerta un pedazo de pan”. Para él, la pobreza podía combatirse con esta plantita de hojas finas y aroma dulce llegada de tierras lejanas. Y así lo escribió en su memoria, cuando aseguró que los ejercicios de cultivar lino y cáñamo serían “exterminadores de la miseria”.

Belgrano explica que “el cultivo debe principiarse labrando las tierras en otoño o al principio del invierno”. Sobre las semillas advierte que se deben sembrar “a mediados de octubre” y que “no deben ser antiguas, si tienen dos años, según se ha observado, no producen, y mucho menos si ha pasado más tiempo, porque el aceite que contienen pasando el tiempo se arrancia y, por consiguiente, se hace incapaz de la reproducción. Incluso detalla cómo detectar si los granos son capaces de dar brotes”.

Y también por sus cualidades para la alimentación, allí estaba el crecimiento tan cerquita como una semilla a punto de brotar.

Esta gran idea cannábica de Belgrano para el bien de nuestro país no prosperó por varios motivos, los comerciantes colegas de su padre se oponían a su plan.

Se dieron cuenta de que el Cannabis tenía otra propiedades que beneficiaba al contrabando.

España también se opuso a que ese beneficio llegara a nuestro país.

La competencia fue dura, entre todas las posibilidades productivas de la agricultura termino liderando hasta el día de hoy el maíz.

Digamos entonces que la idea de prohibir el Cannabis va y viene históricamente entre distintos intereses políticos y no dista mucho de la actualidad.

Hoy se vuelve a abrir esta posibilidad y la celebramos, quizás las nuevas generaciones de argentinos sigan el legado de esta historia que pudo ser y será un camino a un futuro mas resistente, mas ecológico y mas justo.